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jueves, 8 de julio de 2010

Capitulo 2

El camerino de Pierre Larousse era pequeño. Tenía una silla en el centro y una pequeña cama. También había un espejo en el que el motorista había puesto varias fotos de su familia. Él con su mujer, una modelo rubia, y sus dos hijos, niño y niña, también rubios y de mirada soñadora. Les habían hecho esperar en aquel cuarto mientras el motorista atendía a un medio de prensa.
Iván se sentía incómodo estando a solas con Eider. Aún no sabía que pensar de ella. Era muy hermosa pero se mostraba borde y con muy poco tacto ante las personas que la rodeaban. Emitía un halo de misterio que le volvía loco. Parecía guardar dentro de sí mucho más de lo que exteriorizaba. Había tantas cosas que no comprendía sobre ella… Parecía tener una personalidad muy fuerte pero en ocasiones, como en aquel momento, parecía alguien frágil. Cuando se quedaba callada, sola, dentro de su mundo…
El pomo de la puerta del camerino se movió y entró Pierre Larousse. Era alto, mediría algo más de metro noventa, tenía el pelo castaño claro aunque ya estaba cubierto por canas. Las arrugas se empezaban a agrupar en su frente, como si la vida no le pasara por alto sus treinta y nueve años. Sus ojos, de color grisáceo, emitían un brillo característico de alguien que ha llorado.
-Buenos días, señores.- dijo con un fuerte acento francés.
-Buenos días, señor Larousse.- dijo Iván con toda la corrección y educación con la que fue capaz. Pierre Larousse era también muy admirado por los aficionados a el motociclismo.
Pierre, en sus treinta y nueve años recién cumplidos, había vivido mucho. Saltó a la fama con tan solo dieciséis años participando en el mundial de motociclismo. A los diecinueve consiguió llevarse el campeonato de moto GP y volvió a conseguirlo durante 5 ocasiones hasta que cumplió las veintiséis primaveras en las que se retiró. Después decidió formar una familia, se casó y tuvo dos preciosos hijos. Un año después, ya con la treintena cumplida, se metió en el mundo de las acrobacias pues echaba de menos subirse a una moto. Ahora era todo un experto.
Les dio la mano y preguntó, cansado:
-Bien, ¿En que puedo ayudarles?
-Señor Larousse, tenemos que hacerle unas preguntas acerca de Morente.
-Ya, imagino.
Eider le miró con cara de “así no avanzamos” y fue al grano.
-¿Sergio dejaba que alguien revisara su moto?
-No, nunca. Tenía mucho cuidado con ella. La adoraba. Después de su hija, era lo que más quería en el mundo.
-¿Tenía una hija?- preguntó Iván sorprendido.- Sabía que se había casado con su novia de toda la vida y que después se divorciaron pero no tenía ni idea.
-Si, la pequeña Rinoa. Su madre y él la tuvieron muy escondida de la prensa, de todo. Querían protegerla. Tan solo tiene tres años…
Iván pensó que debía de ser muy fuerte para la niña y se compadeció de ella.
-Pobrecilla- masculló
-Rinoa es una niña muy fuerte. Seguro que lo afrontará como hizo con la separación de sus padres.
-Bueno, ¿podía ser que Sergio hubiera hecho algo mal en su moto?- dijo Eider, cortando el momento triste.
-Imposible. Ese chico sabía lo que hacía. Era muy joven, sólo tenía veintisiete años, pero sabía lo que hacía. Te lo digo yo. Tenía en su casa un taller en el que practicaba, reconstruía motos desde la chatarra… Hacía un montón de cosas que están lejos hasta de los mejores mecánicos. Esto era su pasión, no un trabajo más… Suele serlo para todos los que nos dedicamos a este mundo pero Sergio era especial.
-¿Dónde estaba su casa?
-Esta aquí, en Zamora. Sergio nunca quiso desprenderse de esta ciudad. Vivía aquí y siempre que la gira nos daba un respiro se venía aquí. Mientras, su novia le cuidaba la casa.
-¿Su novia?
-Si. Mireia Madeira, una modelo brasileña. Llevaban juntos desde que Sergio y Carla, su ex, se separaron hace dos años. Él la quería de verdad y la iba a proponer matrimonio. Ella, desde mi punto de vista, también le quería.
-¿Dónde la podemos encontrar?
-Supongo que en su casa. No saldrá mucho. Ayer la vi muy afectada, muchísimo.
-¿Nos puedes facilitar su dirección?
-Si, claro.
Mientras Larousse daba la dirección a Eider, Iván permanecía en su sitio, callado. Ella no le había dejado hablar en ningún momento. Parecía creerse más capacitada que él. Vale, el se dejaba llevar por sus sentimiento pero, ¿acaso no era eso mejor que parecer un bloque de hielo?
-Bueno, ha sido un placer señor Larousse. –Se despidió ella- cualquier cosa que pueda contarnos llaméenos.
-De acuerdo. Un placer.
Salieron del cuarto, Eider delante e Iván siguiéndola.
-Vamos a ver el taller de Morente.
-¿Para qué?
-Por que quiero ver de cerca si es tan experto como dicen. No me creo que no haya cometido el error él mismo. Así hablaremos con la novia. Ella lo puede corroborar. A lo mejor con lo de que la iba a pedir matrimonio descuidó su moto.
-A mí me sigue pareciendo que no es así. Que él no pudo cometer el fallo.
-¿Entonces que fue?
-No sé… quizás la moto no estaba en perfecto estado.
-Entonces también sería un fallo suyo, pues no habría visto el desperfecto.
-Bueno pues… Puede que otra persona…
-¡Iván!- le dijo seria- ¿Tanto te cuesta admitir que él se equivocó?
-No encontramos más que pruebas de que no lo hizo. ¿Tanto te cuesta admitir a ti que no fue culpa suya?
-No es eso. Sólo me guío por lo más sencillo. Y lo más sencillo en este caso es pensar que fue culpa de él. La verdad suele ser lo más lógico.
-No siempre.
-No siempre en las películas, Iván. En la vida real suele ser así.
-Quizás tú vengas de un cuerpo policial en el que es así. Sea lo que sea, sea la bomba que sea, suele ser culpa de ETA. Pero aquí no es así.
-Mira… Mañana recibiremos el resultado del laboratorio. Nos dirá si fue saboteada o fue un error humano. Entonces ya veremos quién se equivoca, mientras tanto…
-Mientras tanto no debemos de descartar ninguna posibilidad. O sea que no vayas por ahí haciendo preguntas como si ya supieras lo que es. No debemos descartar ninguna posibilidad y tú lo estas haciendo.
-No lo estoy haciendo.
-Si, lo haces. ¿Acaso le has preguntado a Larousse si Sergio tenía algún enemigo que pudiera querer sabotearle? No, tan solo le has preguntado si podría a ver fallado al arreglar su moto. Vas a lo que quieres, Eider. Quizás yo ponga demasiado sentimiento y no quiera ver algunas cosas pero tu tampoco quieres ver aquello que no te parece lógico. Hemos dicho que no hay que descartar ninguna posibilidad.
-Podías haberle preguntado tú a Larousse eso que has dicho y no te he visto abrir la boca.
-¡No me has dejado meter baza en todo el interrogatorio! Mira, Eider… Se que este es nuestro primer día como compañeros y que no esta siendo muy bueno. También se que mi padre te ha puesto conmigo para que aprenda de ti. Yo por el momento no aprendo nada… Se que eres una gran profesional en tu trabajo y eso se nota. También se que tienes una ficha excelente y que en el pasado has hecho grandes cosas. Pero este caso es este caso no es otra cosa que has realizado en el pasado. En este caso estamos juntos y soy tu compañero y por ello, tu igual. Me tratas como si fuera inferior a ti y estoy en tu mismo rango. Céntrate en este caso y deja de hacer como si ya lo supieras todo.
Iván se sintió más que a gusto después de soltárselo todo mientras Eider no mudaba su expresión fría y serena.
-Mira, Iván… ¿hacemos una cosa? Resolvemos este caso, dejándonos de ideas preconcebidas, de rangos y de todo eso. Y después, si lo vemos necesario, le decimos a tu padre que nos cambie de compañero. Ya veo que no te gusta trabajar conmigo.
-No es que no me guste… Pero tratas el caso de una forma… Como si no importara demasiado o como si ya estuviera resuelto. Y no lo está. Queda mucho por descubrir y puede que sea como tú dices, que Sergio Morente se creyera más profesional de lo que era… Pero, puede que no. Y nosotros nos ocupamos en descubrirlo. Sea lo que sea.
-Está bien. ¿Vienes en moto o te paso la dirección de la casa y vas en coche?
-Pásamela. ¿Sabes donde está?
-No, mucho. Está en las afueras y por ahí me pierdo aún.
-Déjame el papel.
Ella se lo tendió y él lo observó.
-Bien… Si está en la urbanización siglo XXI. Sígueme con la moto.
Eider asintió.
-Lo siento si he descartado el caso demasiado pronto.- dijo mirando al suelo.- se que a veces me dejo llevar por mis pensamientos y dejo a otros fuera de lugar.
-No pasa nada… Yo me dejo llevar por mis sentimientos, tú por la lógica. Quizás podamos compensarnos. Te veo allí.
Iván se acercó hasta su coche y se montó en él. Eider fue hacia su moto y la arrancó mientras observaba a su compañero. Ella sabía que era una buena profesional o eso creía… Pero también sabía que le quedaba mucho que aprender como persona. Había vivido demasiado rápido, en apenas un año se convirtió en una persona reputada después de salvar a aquel joven. Al fin y al cabo, aún tenía veintitrés años.

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