La plaza de toros estaba casi vacía pues apenas pasaba gente. Eran las once menos cinco de la mañana y los policías se encontraban en la puerta esperando al vigilante. Este apareció igual que el día anterior.
-Buenos días, señores.
-Buenos días. ¿Esta el señor Camacho?
Antes de que les respondiera, Eider pensó muchas cosas. Pensó en si se había dado a la fuga para evitar declarar. Pensó en que aún no había llegado y, con la excusa de que el tráfico estaba congestionado, les citaba el día siguiente. Pero todo se desmoronó cuando el hombre dijo:
-Si, claro. El camerino de enfrente del de Pierre Larousse. Allí le podrán encontrar, llego hace cuarto de hora.
-Gracias.- dijo Iván mientras entraba en la plaza.
Llegaron al camerino de Camacho sin perderse, guiándose por la vez que habían realizado el interrogatorio a Larousse. Iván dio tres golpes a la puerta y la voz de Camacho les indicó que pasasen.
Se le encontraron allí. Era un hombre alto y fuerte, con el pelo completamente cano y los ojos negros y saltones. En su mano derecha reposaba un puro pese a que le habían dicho que no fumase allí dentro. Su rostro era parecido al de un cerdito, con la nariz chata. Vestía un sencillo traje gris y una corbata de ese mismo color.
-Buenos días.
-Buenos días, señor Camacho.
-Aquí me tienen. Pregúnteme lo que quieran.
-Bien…- Iván pensó cuál sería el principio del interrogatorio mientras exhalaba un suspiro.- ¿Cuál era su relación con Morente?
-La típica. Representante y representado. Había amistad entre los dos pero tampoco éramos íntimos.
Eider quería ir al grano pero Iván quería tomarse su tiempo.
-Sergio… ¿Solía llevarse mal con la gente?
-No, que va. Era un tipo tranquilo. Era buena persona, una pena…
-¿Cuál era el siguiente destino en la gira?
-Íbamos a hacer dos o tres espectáculos en la Francia de Larousse. Ahora he tenido que cancelarlo todo… Larousse no está con ánimo y la verdad es que yo tampoco.
Iván miró a Eider dándole permiso para que fuera al grano.
-¿Y que me dice…- dijo la bilbaína mientras sacaba de su chaqueta la bolsa de plástico que contenía la nota de Camacho.- de esto?
El representante cambió su gesto tranquilo por uno bastante más tenso mientras reconocía la nota.
-Si… - consiguió decir.
-¿Qué significa esto señor Camacho?
-Es una historia muy larga…
-¡Que casualidad! Nos encantan las historias largas. ¿Verdad, Iván?
-Si. Si lo sé me traigo las palomitas. Cuéntelo.
-Verán… No quiero echar mala fama a Sergio.
-Tenemos que resolver el caso, se lleve mala fama quien se la lleve.
-Bueno pues… Sergio me estaba chantajeando. Verán, sin ánimo de echarle mala fama, Sergio era muy orgulloso. Le encantaba que la gente le aplaudiera, le admirara, le dijera que era el mejor… Era buena persona si, pero con exceso de orgullo. Solo hacíamos una parada en España, de momento, pues no encontrábamos patrocinadores más que aquí y eso a Sergio no le gustaba nada. En los otros sitios siempre la han admirado mucho, mucho más que a su compañero pues siempre ha sido el que más aplausos se ha llevado. En cambio, en Francia… Estaba claro que Larousse iba a ser la estrella y él un secundario. Ya se oía en las localidades donde lo íbamos a hacer el triunfante regreso de su campeón. Sergio se ponía completamente celoso y no lo soportaba. Poco tiempo después de llegar aquí para preparar el espectáculo, hará unos diez días, Sergio se presentó en mi despacho con unos trapos sucios míos y…
-¿Qué clase de trapos sucios?
Camacho se miró las manos y se pasó la lengua por los labios agrietados mientras miraba a los policías con sus negros ojos saltones.
-Hace tiempo llevé la carrera de un joven futbolista. Tenía una gran proyección pero se lesionó mientras jugaba en el Atlético de Madrid. La lesión fue gravísima y se tuvo que retirar del plano deportivo. Se debía de aburrir en casa y se puso a repasar papeles de cuando jugaba allí. Descubrió que le desviaba dinero para mis propios beneficios. Muy poco, comparado con lo que ganaba. Unos quince mil euros. Llegamos a un acuerdo y se los pagué pero… Si eso se llegaba a descubrir nadie querría trabajar más conmigo y no podía exponerme a ese riesgo, más sabiendo que me quedaba un año de contrato con Larousse y Morente. Eso él lo sabía y fue a darme donde más me dolía.
-Y… ¿Qué le pedía a cambio de no enseñar esos papeles?
-Que cancelara toda la gira por Francia y que buscara patrocinadores por Inglaterra, donde es él muy reputado. Yo le dije que a Inglaterra ya habíamos ido al principio de la gira y, además, le dije que Francia deseaba el espectáculo. Me chantajeó con aquellos papeles pero yo no iba a ceder al chantaje por Larousse y por mí. Íbamos a sacar una buena tajada de Francia…
-¿Larousse lo sabía?
-No. Sé que el francés le guardaba mucha estima al español y este a él también… Sólo le perdía el orgullo.
-Señor Camacho, ¿Cree que alguien pudo sabotearle la moto?
-No, lo dudo mucho.
-Sergio, ¿Tenía algún tipo de problema con alguien?
-Ya les he dicho que no tenía enemigos. ¿Saben algo que yo no sepa?
-Si. La moto fue saboteada. Partiendo de ahí, ¿Qué piensa usted?
-No lo sé… Aunque, ahora que lo dice… Sergio andaba muy preocupado pues venimos con antelación a Zamora para que él pudiera preparar un juicio…
-¿Un juicio?- dijo Iván mientras se hacía el ingenuo.
Camacho parecía relajarse bastante ahora que él y sus trapicheos no eran el centro de la conversación.
-Si, su ex mujer. No sé la razón pero quería quitarle la tutela compartida de la niña. Quería que no la volviese a ver. La hija de Sergio pasaba con él un fin de semana de cada dos, para lo cuál Sergio se venía aquí. Ahora parece ser que Carla, su ex mujer, quería quitarle por completo esos derechos. La verdad es que se le veía muy cabizbajo a Sergio pero apenas hablaba sobre el asunto y, al fin y al cabo, no tenía la suficiente confianza conmigo como para contarme ese tipo de cosas.
-Ya, entendemos eso. Al fin y al cabo, usted solo era el representante pero, ¿podía facilitarnos algún que otro dato sobre Carla Avilés?
-Poca cosa. Cuando empecé a llevar a Sergio estaba a punto de separarse y la cosa no iba nada bien. Sé que ella vive ahora en el piso en el que ellos vivían cuando estaban casados y que Sergio le regaló su parte. Luego él se compró el piso nuevo…
-¿Podría usted facilitarnos esa dirección?
-Bueno… Si, puedo facilitarla. He ido a hablar con Sergio allí varias veces antes de que él y Carla terminasen del todo.
Eider le tendió papel y bolígrafo.
-Escríbala.
Camacho la miró mientras se pasaba un dedo por su nariz porcina. Luego cogió lo que ella le daba y garabateó una dirección en el papel. Eider la recogió y leyó:
“Calle aire, número 3, primero izquierda.”
-Está en el centro… No tiene pérdida.
-Gracias.
-A ustedes, supongo.
Los policías se fueron del camerino y salieron a la calle. Iván miró su reloj, todavía les faltaban dos horas para terminar la jornada.
-¿Qué hacemos?
-Bueno, yo creo que tendríamos que ir a preguntar a la ex mujer. Aunque si te soy sincera, Iván…
-¿Qué?
-No me creo mucho de lo que ha dicho ese tipo. Quizás le tenga enfilado desde el principio pero no sé… Me produce malas sensaciones.
-¿Tú no eras la que se guiaba solo por la lógica y todo eso?
-Tienes razón… Lo tuyo debe ser contagioso.
-Entonces vamos a casa de Carla Avilés rápido a ver si estando parados se contagia antes.
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